lengua joven


La evaluación formativa (la de proceso) debería prevalecer sobre las otras modalidades de evaluación escolar por su potencial preventivo y reparador del fracaso escolar.
La evaluación que es la lengua sumativa (o final) debería comprender, al mismo tiempo, una aplicación gradual y sistemática para proponer medidas que puedan reorientar la trayectoria académica de un estudiante.
Evaluación. La evaluación formativa (la de proceso) debería prevalecer sobre las otras modalidades de evaluación escolar por su inmenso potencial preventivo y reparador del fracaso escolar. También es la adecuada para orientar y guiar los procesos de autoaprendizaje del alumno, porque no se limita a ofrecer resultados sino que detecta qué bien y qué no, adivinen las causas y orienta sobre qué hacer para reconducir la situación. Por otra parte, para evitar las posibles derivaciones de la evaluación sumativa (o final) hacia componentes de carácter excluyente o segregados del alumnado -que contribuirían a elevar el porcentaje de fracaso escolar-, esta modalidad de evaluación, a aparte de tener un carácter finalista (evaluación final del curso, del ciclo, de la etapa), debería comprender, al mismo tiempo, una aplicación gradual y sistemática, a fin de proponer, con eficacia, medidas correctivas o recuperadoras que puedan reorientar la trayectoria académica de un estudiante al final de trimestre, curso, ciclo o etapa.
 
La cultura de la evaluación debería impregnar también cualquier otra oferta de carácter educativo fuera de la escuela. La evaluación formativa en la institución no formal puede ser muy útil para complementar el diagnóstico de la evaluación escolar. La coordinación entre las dos evaluaciones formativas (escuela e institución no formal) y el análisis conjunto de los resultados, permitiría trabajar de manera coordinada contra el fracaso escolar en un mismo entorno educativo.

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